domingo, 7 de abril de 2013

CONVENTO DOS CAPUCHOS en SINTRA (PORTUGAL)


En Portugal en el distrito de Lisboa en el Concejo de Sintra encontramos el singular Convento Dos Capuchos.

 En un entorno de belleza inigualable nos transporta a otro mundo, en otro tiempo en donde la pobreza fue llevada al extremo.
A tan solo 8 kms de Sintra en donde destaca toda la opulencia de sus Quintas y Palacios encontramos este Monasterio en donde todos los edificios que lo conforman destacan por su sencillez y austeridad.
 
 
Entramos a la Capilla desde la que se accede hacia la izquierda a la Iglesia y a un pasillo que nos conduce al patio interior. 

 Por otro corredor accedemos a las diminutas celdas que los monjes tallaron en la piedra. Solo se puede entrar en ellas agachado y para dormir es necesario hacerlo encogido.
Como curiosidad vemos que tanto las puertas como techos y ventanas están recubiertos de corcho, que servía como aislante a la gran  humedad que encontramos en la zona en donde se encuentra situado el Monasterio.
 
Las condiciones de vida que llevaban los monjes eran extremadamente duras.
A través del corredor llegamos a  la biblioteca, las celdas dedicadas a la enfermería, la del novicio y la del padre superior. 


La cocina y el comedor con una gran  mesa consistente en una enorme losa de piedra que apenas se encuentra levantada del suelo donada por Enrique I de Portugal.

En el patio interior adornado por una fuente central la Capela do Senhor Morto.
A la salida del Convento y subiendo por unas escaleras que nos adentran en el bosque  la Capilla del Hecce homo y más arriba en un entorno inigualable y de maravillosas vistas la cueva de Frei Honorio de Santa María, monje que los devotos cuentan vivió 100 años y 30 de años en total penitencia.
El convento fue fundado por Álvaro de Castro y allí vivieron diferentes ordenes de  Frailes Franciscanos. 

 Al ser extinguidas de Portugal las órdenes monásticas en 1984 los religiosos se vieron obligados a abandonarlo. Fue entonces adquirido por el Vizconde de Monserrate y más tarde paso al Estado Portugués. Se llevaron a cabo algunas restauraciones para poder abrirlo al público como se encuentra actualmente. 
No deja de sobrecoger cuando te encuentras allí las condiciones de extremada pobreza llevada al límite de la supervivencia. Los monjes que allí vivían se liberaban de todo lo material para vivir su fe en pleno contacto de la naturaleza en donde dar paso a la meditación y la penitencia.
Un lugar que si os encontráis en Sintra no debéis dejar de visitar.